1.12.10

¡Adiós carrerita mía! y otros cuentos

Eunice dice:
Sólo me falta ir mañana por otra calificación
Eduardo dice:
y ya?
ahí acaba todo?
Eunice dice:
ahí acaba todo

Pocas son las veces en las que uno se da cuenta de que las cosas, eventualmente, se acaban. Así terminamos bañándonos un día sin jabón o gritando por un rollo de papel o ahogados con un cachito de pan que pretendíamos bajar con lo último de la leche. También así, con calmosa sorpresa, aquella carrera terca que jamás supimos entender -y que jamás nos amó- se acaba. Desvelos, enojos, mal entendidos y suplicas diversas que dan cuenta de la tormentosa relación entre el supuesto (estudiante) y una (distinguida) estructura académica, se van diluyendo en trámites costosos, fotografías amorfas, extravagantes vestidos y otras cosas.

  En un momento como este -¡irrepetible!- habría que detenerse y llenar un poco los pulmones (maltrechos a causa de los vicios adoptados durante la carrera) para imaginarse a uno mismo primero con toga, luego en una fiesta y luego trabajando arduamente en una oficina con nuestro nombre en alguna puerta (Paco López: auxiliar de…). Podríamos también imaginarnos rodeados de pequeños hijos, una casa grande y un patio con perro; leyendo Vanidades y llorando la muerte de Corín Tellado. O no.
  Después de imaginarse –y antes de llenar el anuario con hipocresías cursis- habría también que armarse un portafolio y acomodar primorosa (y estratégicamente) los trabajos escolares con cara de asuntos profesionales, serios e importantes. Resultaría prudente –ya que estamos en estas- medirse un saco del padre, quitarse los zapatos rotos: dejar a un lado la cuidada apariencia de universitario descuidado.
  Terminar una carrera implica también un recorrido sudoroso de pies cansados y callosos; de tener la inocente certeza de estar en el desenlace que precede al clímax de otra historia; ver cuatro años- y un piquito- resumidos en un promedio, en un certificado de estudios: papeles, sellos (una deuda considerable) y nada más. Introducirse a la profesión por un huequito, con un currículo joven y fresco; con el absurdo entusiasmo de encontrar un trabajo pleno y un salario choncho, mondo y lirondo.
Egresar y joven cuando la universidad te dice “licenciado”, aunque sabes bien que te traiciona.

1 comentarios:

alejandro dijo...

me has puesto taan triste ya no vere a eunice pasear por las calles del iteso y bailar con las hadas del mismo, el arbol de la sabiduría itesiana se marchitara T_T