Ya no hay tanto ruido en la casa. Finalmente los albañiles dejaron de venir . A moncha, mi gato más gordo, le gustaron las esquinas para rellenarlas de mierda. Huele a humedad. A veces se me antoja un montón.
Lo que no se me antoja para nada es que me sigan preguntando “¿qué vamos a hacer con tu hermano?” Estoy ahí lavando una taza y salta la pregunta, me subo al carro y me ataca de nuevo, me salgo de bañar, camino, riego las plantas, acaricio al gato: me persigue. ¿Y yo que sé?, esa, es la respuesta.
Que me traten con pincitas: todo me molesta, todos me caen mal. Pero no se lo digo a nadie. Me quedo callada como en stand by con el foquito prendido, esperando a que se acabe la cinta. Y fumo. Maldita sea: que caro es volver a fumar.
Lo que no se me antoja para nada es que me sigan preguntando “¿qué vamos a hacer con tu hermano?” Estoy ahí lavando una taza y salta la pregunta, me subo al carro y me ataca de nuevo, me salgo de bañar, camino, riego las plantas, acaricio al gato: me persigue. ¿Y yo que sé?, esa, es la respuesta.
Todavía reviso las placas de los carros que se parecen al tuyo
Que me traten con pincitas: todo me molesta, todos me caen mal. Pero no se lo digo a nadie. Me quedo callada como en stand by con el foquito prendido, esperando a que se acabe la cinta. Y fumo. Maldita sea: que caro es volver a fumar.
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