Querido:
Podía declarar este día como uno de los más extraños. Por lo menos de estos tiempos. Primero desperté de un sueño extremadamente absurdo: algo así como mi boda. Resulta que había olvidado hacer una cita con algún maquillista y terminé pintándome -con las muestras gratis- en un carrito a la mitad de una plaza. Recuerdo algo de un negro afeminado mirándome. Y una de esas cabezas que utilizan para ensayar peinados. Recuerdo también (del sueño) que la boda no sucedió. Que los arreglos de mesa eran macetas con flores moradas que mi papá había traído. También algo de un parque de diversiones. Y nada más. Lo cierto es que hace rato que no soñaba algo tan largo.
Compré calcetines en un tianguis. Diez pesos el par: uno de elmo y otro del monstruo come galletas.
En la tarde tomé un nuevo medicamento para mis ronchitas alérgicas. Caí fulminada. No podía despegar mis ojos. A lo lejos sonó mi celular, pero no supe de dónde venía el ruido.
Luego me llamaron de Mural. Seguramente ya pusieron una gran tache ahí en mi nombre. Entre lo dormido por la pastilla más la pésima señal de mi celular terminé preguntado unas cinco veces la hora, el lugar y la razón.
Hablé con un hombre al que no conozco quedamos en vernos la próxima semana. Sospecho que me confunde con alguien más : me habló con una confianza y naturalidad espeluznantes. No sé qué pensar del asunto. Pero bueno, a ver en que termina la cosa.
Te mando muchos besos.
Te extraño (poquito y a ratos)
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