28.3.11

pasaba por ahí


Me gusta caminar. Antes me daba terror y ahora prefiero hacerlo sola. Será cosa de que uno va creciendo y se da cuenta de que la calle es la cosa más bella que existe y la casa es la cúpula del aburrimiento. Caminar a casa pisando jacarandas, aplastando el pasto mientras uno pasa. Luego los azahares. Olorosos  y ajenos. Uno puede fácilmente arrancar una rama y apropiarse del olor por un rato. Luego se marchita.

Caminar en la noche con el aire secando los lentes de contacto. Caminar sin prisas y con el rumbo pegado en la frente. Caminar en el centro con el sol achicharrando el cuerpo ronchoso. Igual la quemadura sirve de alivio. Caminar y pensar en ti, único e irrepetible. Pensar en ti como un hombre oloroso y ajeno que pone mi cuerpo en alerta. O lo convierte en fuente. Qué terrible es la gente que se moja las manos en las fuentes sucias del centro. Y los niños. Imagino una fauna microscópica maligna creciendo en cada gota. Luego en la panza de los que se detienen a admirarla un poquito.