No recuerdo bien cuándo comencé a alimentar la etiqueta de autobiografía. Uno creería que debería ser la única. Esto no es un blog de literatura (por más que me guste decir que sí), ni de asuntos importantes. Entonces es un blog diario. Un diario blog. No es nada, pues.
Entonces, y sólo porque sí, comenzaré a escribir algo así como mi autobiografía. De verdad.
El problema principal, y el más grave, es que las biografías hablan sobre personas con vidas interesantísimas. Vidas de santos, de artistas, mi veldá. Y la veldá es que no hay mucho que contar sobre mí.
La parte donde podría contar que nací en una ciudad petrolera de Guanajuato (un sábado) y que nací con un mellizo no es muy emocionante en realidad. Además, sospecho que esa parte ni la viví. Me la contaron después. Existe la posibilidad de que sea inventada. Tal vez nací sola en un hospital finísimo con un apellido francés (el apellido era mio no del hospital). Pero mi cara era tan ofensivamente mexicana que decidieron abandonarme. Entonces una buena mujer que siempre deseó tener dos hijos decidió criarme bajo el catolicismo. Crecí creyendo en Dios, soñando con un vestido bien planchado para mi primera comunión. Me confirmé, me casé, di de comer a los enfermos y fui feliz.
Mentira, todo es mentira.
Sí nací un sábado (de Octubre) en una ciudad donde la gente muere cáncer por culpa de los gases de la refinería. Mi mamá trabajó hasta que su cuerpo no pudo más. Viví 15 días en una incubara donde me alimentaron con una jugosa sonda. Entonces llegué a casa y me rehusé a tomar pecho (¿tomar el pecho?). Y fui flacucha y sonriente ( y muy llorona en las noches).
Crecí.
Fui flacucha por mucho tiempo. Luego pasé a ser parte de las estadísticas de obesidad infantil. Así, de pronto.
En realidad fue culpa de la crisis del 94. Eso dice mi mamá. Yo le creo.
Antes de los tiempos difíciles mi hermano y yo íbamos a todas las clases del mundo: gimnasia, karate, baile regional (nunca he tenido ritmo, en realidad) teatro... luego vino la crisis y todo eso se acabó.
Lo que me inquieta es que si en verdad estábamos en crisis ¿cómo es que no dejamos de comer?
Fui gorda a partir de los 9 años.
Y claro, obtuve mis primeras estrías. A los 9 años. Y no, no es genético.
Por alguna extraña razón me dieron ganas de llorar, así que hoy termina aquí este asunto.
Entonces, y sólo porque sí, comenzaré a escribir algo así como mi autobiografía. De verdad.
El problema principal, y el más grave, es que las biografías hablan sobre personas con vidas interesantísimas. Vidas de santos, de artistas, mi veldá. Y la veldá es que no hay mucho que contar sobre mí.
La parte donde podría contar que nací en una ciudad petrolera de Guanajuato (un sábado) y que nací con un mellizo no es muy emocionante en realidad. Además, sospecho que esa parte ni la viví. Me la contaron después. Existe la posibilidad de que sea inventada. Tal vez nací sola en un hospital finísimo con un apellido francés (el apellido era mio no del hospital). Pero mi cara era tan ofensivamente mexicana que decidieron abandonarme. Entonces una buena mujer que siempre deseó tener dos hijos decidió criarme bajo el catolicismo. Crecí creyendo en Dios, soñando con un vestido bien planchado para mi primera comunión. Me confirmé, me casé, di de comer a los enfermos y fui feliz.
Mentira, todo es mentira.
Sí nací un sábado (de Octubre) en una ciudad donde la gente muere cáncer por culpa de los gases de la refinería. Mi mamá trabajó hasta que su cuerpo no pudo más. Viví 15 días en una incubara donde me alimentaron con una jugosa sonda. Entonces llegué a casa y me rehusé a tomar pecho (¿tomar el pecho?). Y fui flacucha y sonriente ( y muy llorona en las noches).
Crecí.
Fui flacucha por mucho tiempo. Luego pasé a ser parte de las estadísticas de obesidad infantil. Así, de pronto.
En realidad fue culpa de la crisis del 94. Eso dice mi mamá. Yo le creo.
Antes de los tiempos difíciles mi hermano y yo íbamos a todas las clases del mundo: gimnasia, karate, baile regional (nunca he tenido ritmo, en realidad) teatro... luego vino la crisis y todo eso se acabó.
Lo que me inquieta es que si en verdad estábamos en crisis ¿cómo es que no dejamos de comer?
Fui gorda a partir de los 9 años.
Y claro, obtuve mis primeras estrías. A los 9 años. Y no, no es genético.
Por alguna extraña razón me dieron ganas de llorar, así que hoy termina aquí este asunto.
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